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RSE, ¿hemos aprendido algo?

Las prácticas de Responsabilidad Social Empresarial de la región se mueven hacia un modelo integrado de sustentabilidad. Qué deben hacer y qué deben evitar las empresas para diseñar programas exitosos.

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Publicado por Latin Trade

Aunque en buena medida la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) continúa ligada a la filantropía, una evaluación reciente de Latin Trade entre académicos y ejecutivos involucrados en el tema sugiere que las prácticas regionales en la materia se están orientando cada vez más hacia un modelo integrado de sustentabilidad, no solo para las empresas mismas, sino incluso para las comunidades y regiones en las que hacen sus negocios. La aplicación de este concepto amplio se ha dado en parte por ‘efecto imitación’ de las prácticas adoptadas en los países desarrollados y que son importadas por las multinacionales, pero también porque hay mayor conciencia empresarial y social sobre la importancia y el sentido de la RSE. No obstante, los consultados coinciden en que aún falta mucho por hacer, principalmente en términos de masificar conocimientos, coordinar esfuerzos y medir resultados.

De la teoría…

Para comenzar, los académicos y empresarios coinciden en que el concepto de RSE está ligado al logro de objetivos empresariales, observando en general buenas prácticas en materia económica, ambiental, laboral y de derechos humanos. En síntesis, la definición común de RSE es que abarca todo lo pertinente para hacer negocios de manera responsable.

Luis Ulla, director ejecutivo del Instituto Argentino de Responsabilidad Social Empresaria (Iarse), destaca como principal tendencia de RSE en la región el cambio de actitud de la gran empresa, que no solo está adoptando los nuevos conceptos de sustentabilidad, sino que está forzando a sus proveedores y, en muchos casos, a sus clientes a hacer lo mismo. La tendencia, argumenta Ulla, se da en respuesta, en parte, a la regulación estatal cada vez más exigente (por ejemplo, en lo relacionado con el cuidado del medio ambiente), así como por el creciente interés de consumidores en adquirir bienes y servicios proporcionados por empresas socialmente responsables.

El nivel de concientización sobre la relevancia de la RSE es tal que, por ejemplo en el caso de Cemex, el tema compete a todo el mundo en la cadena de valor, desde el CEO hasta el trabajador de base, y como lo dice Daniel Suárez, vicepresidente de Relaciones Corporativas de Cemex-Colombia, “la RSE está metida en el ADN de la empresa”, que logró entender hace años su carácter estratégico.

Para Orencio Vásquez, coordinador del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa (Obrsc), basado en España, la ejecución de políticas más completas de RSE proviene igualmente de la necesidad de acatar los principios rectores de la OCDE y la ONU, así como los propios acuerdos a nivel regional, en especial en el caso europeo. Por lo demás, dicha ejecución, agrega Vásquez, está sujeta cada vez más al escrutinio de agencias multilaterales prestamistas de recursos y de las agencias calificadoras de riesgo.

… a la práctica

Pero los entes multilaterales no solo están demandando más políticas de RSE, sino además ayudando a financiar su puesta en marcha. Estrella Peinado-Vara, especialista senior del Fondo Multilateral de Inversiones del BID (Fomin), explica que su entidad observa que se cumplan tres criterios básicos para otorgar financiamiento a proyectos de impacto en RSE: primero, que sean amigables en términos ambientales; segundo, que promuevan la igualdad de los ingresos vinculando a la base de la pirámide y, tercero, que generen impactos positivos en las condiciones laborales.

Peinado-Vara menciona como ejemplo la ‘Iniciativa regional de reciclaje inclusivo’, un proyecto que la agencia está cofinanciando en cinco países y que hoy día beneficia a la base de la pirámide social de la industria, compuesta por microempresas recicladoras, que en la región involucra a unos cuatro millones de personas. El proyecto cuenta con el apoyo de la empresa privada, los gobiernos locales y las comunidades. El Fomin también está apoyando proyectos en Centroamérica alrededor de las mejoras de condiciones laborales en los ingenios en Guatemala y El Salvador.

En general, los casos de mayor éxito e impacto en RSE son los que integran a un mayor número de miembros de la comunidad en el área de influencia de las operaciones de las firmas. En el caso de Colombia, Margarita Salazar, subdirectora de Desarrollo Sostenible de las Empresas Públicas de Medellín (EPM), anota que la política de la compañía parte de que los encadenamientos productivos tengan en cuenta justamente la base comunitaria.

Salazar resalta el trabajo de sustentabilidad de su empresa en dos frentes. Por un lado, mediante la universalización de los servicios que presta, facilitando el consumo mínimo de electricidad y agua en las comunidades más pobres, bien sea a través del uso de tarjetas prepagadas o del establecimiento de topes máximos de consumo. Por otra parte, se trabaja en programas en los que la propia comunidad, capacitada y trabajando como contratista de EPM, instala los medidores de agua y energía que usa la empresa.

Así mismo, EPM adelanta un proyecto con sus proveedores, que enfrentan dificultades para encontrar los llamados “linderos”, que son las personas a cargo de la instalación y extensión de líneas eléctricas. En este programa, la empresa entrena personas de grupos de interés específicos que luego contratan los proveedores. La capacitación proporcionada por la empresa termina con la entrega de un certificado que también es reconocido por el Sena, la oficina gubernamental de entrenamiento laboral y aprendizaje. En algunos casos, los linderos certificados se han asociado para prestarles sus servicios a terceros.

Igualmente en Colombia, la multinacional Cemex tiene en marcha varios programas de RSE, orientados a suplir el déficit de vivienda de los sectores más pobres. Uno de ellos entrega a los hogares de más bajos ingresos materiales para construir, ampliar o mejorar vivienda, pero, además, les proporciona el entrenamiento para hacerlo. En otra de las iniciativas de alto impacto de Cemex, la empresa entrena a las comunidades en la fabricación de bloques de concreto para la construcción, que pueden ser utilizados para construir sus viviendas o para venderlos, de manera que los recursos resultantes se puedan reciclar en programas similares. La multinacional mexicana también procura contratar técnicos originarios de las regiones en las que tiene sus negocios para que le proporcionen servicios de ingeniería o arquitectura a la firma.

Por el impacto de sus operaciones sobre el medio ambiente, las políticas de sostenibilidad de la industria minera están permanentemente en el centro de atención de autoridades, académicos y el público en general. Chile está a la vanguardia no solo de la industria sino del concepto de RSE en la materia y por eso resulta particularmente interesante el punto de vista del Grupo Antofagasta Minerals, que maneja algunas de las minas cupríferas y de otros metales más grandes en ese país. Rafael Quiroga, gerente de Asuntos Externos y anteriormente gerente general de Acción RSE, la principal ONG del tema en Chile, confirma que la visión chilena de la RSE ha evolucionado en general desde lo filantrópico hasta lo sustentable para la propia operación y desarrollo de las empresas.

Mientras que en el tema ambiental propiamente dicho Antofagasta está liderando el uso de técnicas amigables de uso del agua y de la energía, en particular la empresa está implementando sus programas de RSE a lo largo de toda la cadena de valor de sus operaciones, buscando beneficiar en general a proveedores, clientes y comunidades, pero igualmente abordando la integración laboral de la mujer. Al respecto, la empresa se ha propuesto incrementar la cuota femenina en sus operaciones directas, habiendo superado el 10 por ciento del total de empleados recientemente en algunas de sus compañías, lo que representa una proporción de más del doble frente al promedio de la industria.

Los retos futuros

Expertos y empresarios coinciden en que Brasil es el país líder de la región en materia de prácticas de RSE de alto impacto. Ese país lleva la delantera en términos académicos y de experiencia práctica. El instituto Ethos es reconocido como el pionero en los temas de sustentabilidad. Brasil, además, ha logrado pasos de vanguardia como el de la iniciativa ‘Novo Mercado’, que se asemeja a lo que se está haciendo en Estados Unidos con el Dow Jones Sustainability Index.

Latin Trade conversó con un destacado ejecutivo de una multinacional que tiene operaciones en Brasil sobre los principales retos y obstáculos por superar en materia de implementación de RSE. Uno de estos desafíos es el de mejorar la idoneidad de muchas ONG, que por tener una pobre estructura de funcionamiento hacen uso ineficiente de los recursos que reciben para desarrollar proyectos.

En el mismo sentido, el ejecutivo anotó que si bien existe una creciente conciencia sobre la importancia del tema en la sostenibilidad empresarial, aún se encuentran casos de empresas que invierten en proyectos que no tienen conexión con su negocio principal, y solo lo hacen para aprovechar incentivos fiscales o reputacionales, o simplemente porque se ven obligadas si, por ejemplo, la ley ordena la reubicación de viviendas ante la construcción de algún megaproyecto. Bajo esta perspectiva, un primer ejercicio por parte de las empresas es iniciar prácticas de RSE que estén directamente relacionadas con su principal negocio.

El ejecutivo brasileño agrega que el otro reto importante en los tiempos actuales para alcanzar el mayor impacto es el de lograr una mayor cooperación entre empresas. Esto en vez de que estas emprendan programas aislados en beneficio de una misma comunidad, desaprovechando sinergias. El gran desafío se vuelve entonces el de escoger quién coordine las acciones de las diferentes empresas. Probablemente se requiera de la acción del gobierno como catalizador, o de empresas independientes como las firmas de consultoría o las ONG que tengan la infraestructura adecuada para el efecto. No obstante, además del diálogo empresa-empresa, existe la necesidad de mejorar la comunicación entre empresas, gobiernos y comunidades, por ejemplo en la coordinación de los planes de desarrollo local y regional. Apenas están naciendo ese tipo de iniciativas colectivas, entre las que vale la pena destacar ‘Rio Sustentável’, que involucra a más de una docena de empresas brasileñas con influencia en la ciudad de Río de Janeiro, y ‘Creo Antofagasta’ que, planeada en beneficio de la subregión del mismo nombre en Chile, es modelo de coordinación entre gobierno, empresas y comunidades alrededor de un mismo objetivo de sustentabilidad.

Quiroga anota que la iniciativa para Antofagasta así como la naciente colaboración entre empresas para coordinar, por ejemplo, las fechas en las que se realizan algunos programas culturales en las regiones mineras son claro ejemplo de las ventajas y la necesidad de escuchar a todos los grupos de interés, en lugar de tomar las decisiones de RSE desde los escritorios.

Quiroga agrega como otro reto que se debe superar para lograr mayor impacto de prácticas empresariales el de eliminar trabas impositivas a las inversiones en RSE. Le parece que es el caso particular de Chile, pero que posiblemente se pueda hacer extensivo a otros países. En Chile son consideradas gastos no relacionados con el negocio, en contra de la visión integral que el tema está teniendo como concepto y en la práctica.

A propósito del papel que tiene el gobierno en promocionar la RSE, Peinado-Vara considera que este debe ser amplio: es necesario para construir el marco dentro del cual las empresas puedan hacer negocios.

Para Suárez, el tema no es de normas sino de lo que las firmas puedan lograr por su propia cuenta, sabiendo que el tema es crucial para su propia supervivencia. Entretanto, Ulla considera que es difícil para un gobierno castigar o premiar el comportamiento de las empresas si el propio Estado no tiene prácticas responsables y medibles en cuanto a sustentabilidad.

La mayoría de los consultados por Latin Trade coincidió en mencionar como otro reto clave el de divulgar masivamente los alcances de programas de RSE que tengan alto impacto, pues, agregan, no se trata de secretos empresariales, sino de políticas de beneficio común.

Por cierto, mientras que para Vásquez lo importante no es divulgar lo que se logró (el qué), sino el cómo, Ulla invita a las empresas a no gastar de más en campañas de comunicación para publicitar lo que hacen en RSE, sino más bien en compartir con sus pares el conocimiento al respecto. Pero, además, los expertos añaden que los esfuerzos para informar sobre los temas de RSE deben ser tan profundos que resistan momentos de debilidad financiera de las empresas o ciclos recesivos de la economía sin que las firmas opten por recortar sus programas de divulgación.

Aunque existen iniciativas como las de Iarse y sus pares en otros países en la región para establecer indicadores comunes de gestión, la mayoría de entrevistados concuerda en la necesidad de definir parámetros aceptables colectivamente para la medición y verificación de los logros que las empresas reportan en materia de RSE.

Para el ejecutivo brasileño que prefirió hablar en condición de anonimato, no solamente se trata de comprobar los logros, sino que además hace falta evaluar entre accionistas y beneficiados si en realidad los primeros están de acuerdo en implementarlos y los segundos valoran sus alcances, tanto como lo hacen las empresas que los patrocinan.

Vásquez insiste enfáticamente en verificar los logros, teniendo en cuenta que existen barreras que dificultan el acceso a la información o que no permiten verificar su veracidad. El directivo de Obrsc resalta como hito reciente en materia de medición la existencia de la Norma ISO 26000, que clarifica los contenidos sobre políticas de RSE, aunque subraya que esta no es, hoy por hoy, una norma certificable, con lo cual su alcance queda limitado.

Finalmente, otro desafío no menos importante es el de cómo confrontar la competencia de negocios proveniente de países como China, que elaboran productos con base en prácticas de RSE totalmente diferentes a las del mundo occidental, principalmente en lo relacionado con los derechos laborales. En este sentido, Vásquez recordó que el primer foro de derechos humanos y empresa realizado en Ginebra, Suiza, en diciembre último, enfatizó la importancia de tener en cuenta dentro de los derechos humanos no solamente los laborales, sino también los económicos, sociales y culturales. El asunto es importante ya que recibió la atención de 900 asistentes de 85 países. ¿Se avecinan nuevos cambios?

David Ramírez reportó desde Miami.

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